Él
Vivir es un acto egoista
( Gaspar Noé)
¿Conoce usted a Vincent? A estas alturas, lo más probable es que sí; se los presenté hace algunos meses y di una breve descripción de su persona. Pero hoy, su figura dista mucho de aquel personaje que bebía una cerveza y sostenía un libro de Shakespeare.
Ayer, durante una semana un tanto inusual, lo visité en una de sus casas ( ha vivido en muchas) . Caminaba por un extenso patio con la cabeza gacha: su rostro estaba pálido y dejaba un entrever cierto descuido; una barba tan indigna como irrisoria evidenciaba días de encierro y falta de contacto con la luz natural. Mantenía sus manos en los bolsillos y paseaba en forma circular por el pasto, moviendo los pies de forma lenta y monótona. Cada cierto tiempo, sus pasos se detenían en algún punto y levantaba la vista hacia el cielo como si lo mirara por primera vez
Cualquiera que lo hubiese visto (incluyéndome) hubiese pensado que era un enfermo en un sanatorio esperando la visita de algún familiar. No me atrevía a hablarle, no porque no quisiera molestarlo, sino porque quizás ni siquiera me escucharía. Qué cambiado estaba; más delgado que de costumbre, su ropa parecía tambalearse entre sus huesos mientras caminaba. A pesar del frío vestía ligero; su clásica camisa blanca y su chaleco azul lucían un poco más desaliñados que de costumbre… Debo decir que estaba irreconocible.
Me mira desde lo lejos y me sonríe, me habla pero no logro entender que dice, hace una señas para que me acerque y una vez que lo tengo a pocos centímetros de distancia veo que sigue siendo el mismo. Le pregunto por su ojo izquierdo y me dice que su astigmatismo no es tan grave y puede reconocer las cosas a cualquier distancia, pero que cada cierto tiempo su vista se nubla y debe recurrir a los lentes.
No me miraba, desviaba la vista, respondía a mis comentarios afirmando con la cabeza y pestañando. Cada cierto tiempo bostezaba y terminaba diciendo “claro”. En fin, Vincent te escucha aunque finja no hacerlo, es una de sus principales características, por lo demás muy desagradable para sus interlocutores. Miraba a cualquier punto indeterminado y esbozaba una sonrisa pueril. Hablaba en voz baja, murmuraba, rara vez levantaba la vista, movía los pies de forma ansiosa. Finalmente levantó la cabeza; inhaló y exhaló de forma tan graciosa que estuve a punto de reírme.
- ¿A qué has venido?
- A verte.
Me miró con rostro serio, no dijo nada. Quizás pensaba en el mucho tiempo que había pasado sin recibir visitas o en lo irrelevante que le resulta el contacto con los demás. En las muchas desilusiones con personas que frecuentó y lo frecuentaron cada cierto tiempo, seres pasajeros, efímeros; sólo te acompañan cuando la risa y los cigarrillos te sobran, cuando el dinero les escasea, fingen escucharte, oír tus problemas. Sí sólo piden; piden cigarrillos, piden dinero, piden películas, piden libros , piden teléfono, piden consejos, piden que los acompañen , piden que compartas, piden que los escuchen. Piden.
Seres condenados a depender del resto; no te hablan, no te escuchan; sacan el celular cada diez segundos, realizan operaciones monótonas. Sí se creen especiales , únicos e irrepetibles; flaites, hippies, intelectuales y burgueses. Conversaciones recitadas en ambientes “idóneos”; Camus, Sastre, Nietzsche, Rimbaud, Baudelaire. Reproducen traducciones, palabras sacadas de contexto “Rimbaud es intraducible” ¿Metasemántica? No semiología, ¡Ah! Interesante, ¿Sirve de algo? Humberto Eco… Eco, “Ecco” ¿Cómo el café? No ¿Y qué hace? Es un semiólogo ¿Y qué hace un semiólogo? Bueno, un semiólogo responde con chuchadas cuando gente de mierda como tú finge que le interesa lo que hablas.
- Gracias , de verdad , gracias por visitarme
Le pregunté en qué pensaba, pero no contestó, reía para sus adentros. Prendió un cigarrillo y se sentó sobre el pasto. Permanecí de pie, no me miraba; fumaba tranquilamente.
Apagó el cigarrillo y se puso de pie, metió las manos en sus bolsillo e hizo un breve comentario acerca del frío que hacia. Se iba, no puede retenerlo. Mientras se alejaba con pasó lento, vi su cuerpo frágil y pensé qué sólo bastaba con una leve brisa para derribarlo, un hombre de papel que se ha arrugado muchas veces y ha tratado de volver a ser como antes.
- ¿Te vas?
- Sí
- ¿Por qué?
Porque hablar solo me aburre.