15-05-2009




"Quieren un sitio para bailar y tomarse unas botellas.
Cualquier agujero que no sea aquel donde viven." ( JC Onetti)


Cuando leemos a Onetti, sentimos que no leemos; sólo juntamos palabras que conforman un enunciado tan denso como la misma prosa tupida sobre la cual pretendemos avanzar cual si fuéramos un rastrillo por el ripio.

Sí , Onetti es complicado, y tan difícil de abordar como lo son sus personajes dentro de historias sombrías y desesperanzadoras.

Los adioses narra la historia de un hombre que llega a un pueblo para sanarse en un sanatorio para tuberculosos; triste y de mirada sombría se niega a dialogar con los residentes del hotel y no cruza palabras con los parroquianos de la única fuente de soda que existe en el pueblo, viviendo sólo para recibir las cartas que recibe de dos mujeres.

En El pozo, no enfrentamos a una narración en primera persona; pesimista, amarga y angustiante, de una ser que lleva consigo una vida que parece haber perdido todo sentido. Al revisar estas líneas hacemos inevitablemente la comparación con El Extranjero y El Túnel y en menor medida también con Eróstrato. Pero saliendo de las obvias y a veces hasta odiosas comparaciones que solemos hacer con los clásicos europeos, debemos valorar a Onetti como uno de los grandes referentes de la Literatura Hispanoamericana. Un escritor que a pesar de la brevedad de su obra ha llevado la complejidad de su prosa lejos de toda moda existencialista y a ha logrado escapar con éxito del esnobismo en que cayeron otros grandes del viejo continente.