El terremoto
Conciliar el sueño se había convertido en mi único y principal objetivo, mientras imágenes y escenas pretéritas luchaban por hacerse un espacio en mi cabeza. Buscaba la forma de acomodar mi cabeza de la mejor forma cuando un remezón fortísimo echó por la borda mis deseos de caer en los brazos de Morfeo. Bajé las escaleras aún atontado por la impresión, mi madre se encontraba vestida y abrazaba a mi sobrina sin mirarla.
El movimiento ondulante venía desde la entraña de la tierra. Miré las murallas con pesimismo: “seguro que me caerán encima” pensé. Aunque he luchado con éxito por mantenerme tranquilo, en circunstancias semejantes, esta vez habría llegado al espanto si el estruendo no cesa. Fue disminuyendo por suerte. Quedé inmóvil dispuesto a lo que viniera, mi madre y hermana permanecían juntas. Afuera el griterío de las mujeres era casi peor que la sacudida misma. Algunas salían en camisones y con extrañas indumentarias sobre su cabeza. Los maridos permanecían en silencio. Los niños, alegres corrían.
Lamenté ser desconocido porque sentía la necesidad de compartir mis tumultosas impresionas. El movimiento cesó, los vecinos compartían experiencias. Mi madre ofrecía toda la ayuda posible que pudiera entregar, sus palabras se enredaban con las recomendaciones de una mujer que cargaba un perro.
El movimiento ondulante venía desde la entraña de la tierra. Miré las murallas con pesimismo: “seguro que me caerán encima” pensé. Aunque he luchado con éxito por mantenerme tranquilo, en circunstancias semejantes, esta vez habría llegado al espanto si el estruendo no cesa. Fue disminuyendo por suerte. Quedé inmóvil dispuesto a lo que viniera, mi madre y hermana permanecían juntas. Afuera el griterío de las mujeres era casi peor que la sacudida misma. Algunas salían en camisones y con extrañas indumentarias sobre su cabeza. Los maridos permanecían en silencio. Los niños, alegres corrían.
Lamenté ser desconocido porque sentía la necesidad de compartir mis tumultosas impresionas. El movimiento cesó, los vecinos compartían experiencias. Mi madre ofrecía toda la ayuda posible que pudiera entregar, sus palabras se enredaban con las recomendaciones de una mujer que cargaba un perro.
0 eyaculaciones de vuelta:
Publicar un comentario